domingo, 17 de noviembre de 2019
Rutinas
Cada tarde sale a caminar. Es una rutina en la que desde hace años gasta un par de horas diarias. Le hace sentirse bien y le deja pensar. Mientras camina imagina que le crecen unas alas y se siente levitar un palmo sobre el terreno. El tiempo pasa pronto y apenas siente fatiga. Vuelve a casa, mira las zapatillas y entonces recuerda que el vendedor le dijo: usar este calzado es como llevar alas en los pies.
domingo, 10 de noviembre de 2019
Balas trazadoras
Joan —el tiempo ha borrado la memoria de su apellido— era un licenciado en Física y Química con quien fragüé amistad a través de la poesía durante el llamado ‘servicio militar obligatorio’. Aún conservo el poemario ‘Vint-i-set poemes en tres temps’ de Miquel Martín i Pol que me obsequió en lengua catalana, poeta de quien solo conocía por aquel entonces una adaptación que el cantante Kiko Veneno había realizado para su canción ‘No pido mucho’.
Cierta noche, durante un ejercicio de práctica antiaérea en los acantilados de Gijón, me comentó mientras observábamos el cielo iluminado por las balas trazadoras: «ves, igual que esas trazas de luz en el cielo negro, así es la lucidez del pensamiento, destellos de luz que nos guían para saber por dónde vamos en nuestra oscuridad». Después callamos los dos durante largo rato.
Cierta noche, durante un ejercicio de práctica antiaérea en los acantilados de Gijón, me comentó mientras observábamos el cielo iluminado por las balas trazadoras: «ves, igual que esas trazas de luz en el cielo negro, así es la lucidez del pensamiento, destellos de luz que nos guían para saber por dónde vamos en nuestra oscuridad». Después callamos los dos durante largo rato.
domingo, 3 de noviembre de 2019
El telépata
Cansado de discutir aprendió a contestar en silencio a sus interlocutores. Llegó a establecer elaborados diálogos. Nadie comprendía su mutismo. En cambio, él mantenía largas conversaciones interiores que le llevaban a entender cómo eran quienes le rodeaban. Les ofrecía consejos, les consolaba, comprendía más que nadie sus cuitas. De sus labios apenas se escuchaba un sí o un no y su familia preocupada quiso llevarlo hasta un internado de salud mental, pero él que sabía sus pensamientos, se fugó. Después de hacerse anacoreta fue contratado por una agencia de espionaje.
domingo, 27 de octubre de 2019
Dos sombras
—Deberíamos hacer algo con esta perra vida donde terminas por morirte.
—¿Hacer qué?
—No conformarse.
—Vivir es conformarse.
—No. Vivir debería ser confortable.
domingo, 20 de octubre de 2019
Curación
El doctor le dijo que volviera dentro de un par de años.
—¿Y podré sanar de esta enfermedad, doctor? —preguntó.
—No se preocupe, el tiempo todo lo cura.
domingo, 13 de octubre de 2019
Satánico
Cada vez que se extraviaba algún objeto dentro de la casa hacía un nudo en la esquina de un pañuelo. Era un método aprendido de su abuela quien le enseñó cómo encontrar las cosas perdidas. La técnica consistía en atar, de manera simbólica, los testículos al diablo, en un sortilegio para desmontar la conjura de las pérdidas, y no desanudarlo hasta que la cosa extraviada apareciera.
La frecuencia de los enseres desaparecidos creció con el paso de los días y fue tal su habilidad en hacer ataduras que todas las telas de la casa aparecían anudadas. Al final para no desaparecer ella se ató a sí misma.
domingo, 6 de octubre de 2019
Titirimundis
—Señora Marioneta, está usted perturbando la imaginación de los niños.
—Disculpe, señor Autoridad, me hicieron así.
—Así, cómo, ¿andrajosa y mal vestida?
—No, libre. Movida por los hilos de la ilusión y de la ingenuidad.
—Lo que hace es exaltar las mentes y pervertir las sanas costumbres de la obediencia.
—Lo que hago es hacer reír y soñar, e imaginar mundos imposibles.
—La utopía es una subversión inadmisible de la que debo informar al señor Poder.
—Como dijo el poeta: no he de callar por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo.
—Los poetas son otro de los virus que tacan al sistema y que habría que encarcelar.
—George Orwell, un tipo que se les escapó a ustedes, dijo: la libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír. Y en eso estamos.
—Pues le llevaré ante el señor Juzgador para que le aplique la ley y le condene por enaltecimiento de la libertad.
—Lo que hay que condenar es la mentira y la hipocresía.
—No se hable más, se acabó la función.
—Mi espíritu es el de nunca callar.
domingo, 29 de septiembre de 2019
De compras
Desde que abrieron el comercio me llamó la atención porque no se podía apreciar nada de su interior debido a sus cristaleras opacas. Mi curiosidad fue creciendo cuando supe que la tienda solo estaba abierta al público una hora diaria. Cada vez que cruzaba por el lugar, atraído por un cierto magnetismo, volvía la cabeza y me preguntaba qué clase de productos despacharían en ese establecimiento. Un día, dispuesto a matar mi interrogante obsesión, me paré a observar el tipo de clientela que acudía al negocio. Descubrí que ninguna de las personas que entraban allí, salían después, ya que pasados sesenta minutos el cierre se bajaba y no subía hasta la jornada siguiente. El descubrimiento me sobresaltó y tomé la decisión de entrar. Mientras caminaba hacia local mi pulso se aceleró y comencé a sudar. Cuando estaba en el umbral me detuve a leer un cartel que, al contrario del clásico ‘No se permiten devoluciones’, advertía: ‘No se devuelven admisiones’.
domingo, 22 de septiembre de 2019
Acorralado
—¡Abuela!, que dicen los
científicos que tienen acorralado al bosón de Higgs.
—(…)
—No, no ha hecho nada, pero
llevaban muchos años buscándolo.
Mi abuela se durmió una mañana
hace más de treinta años. Cuando me entero de algo interesante me gusta
hablarlo con ella, es quien mejor me entiende.
domingo, 15 de septiembre de 2019
Turbulenta lectura
«La niña se acercó al hombre que
leía en el parque y le dijo: señor no le va a gustar el final de esa novela. Y
cómo lo sabes, ¿acaso no eres muy pequeña para haberla leído? —le respondió el
hombre algo contrariado—. Es verdad —contestó la pequeña—, pero lo sé porque me
escapé de ese libro».
La lectura de aquel pasaje la
inquietó porque había soñado esa escena la noche anterior. Cerró el libro de
golpe y lo no volvió a abrir. Al llegar a casa lo guardó en la biblioteca y se
puso a escribir lo que le había ocurrido. Comenzó su relato desde su infancia
cuando un hombre leía un libro en un parque.
domingo, 8 de septiembre de 2019
Instrucciones de uso para hacer la o con un canuto
En el uso del canuto para hacer
la o, es primordial saber elegir, previamente, el tipo de material de que está
formado el mismo, dado que condicionará la calidad de cada o escrita al final
del proceso.
Si se opta por trabajar con uno
compuesto por elementos vegetales, las oes obtenidas tendrán la singularidad de
cargar sus círculos en curvaturas vegetarianas. Si por el contrario resulta que
se escogen materiales prefabricados, tipo PVC, abundarán las redondeces
escuálidas y antipáticas que se reconocen en palabras como odio u omóplato.
Es por ello que la arbitrariedad
no debe presidir el juicio de la elección y hay que tener buena mano para
escoger el canutero.
El tipo de tinta es, por igual,
un componente importante en el proceso de creación de oes. No es lo mismo una
tinta china que la destilada del pulpo o calamar. El orbital de la o puede
tender a ser plasmado con bordes más contundentes o livianos, según el tintado.
La templanza en el pulso es,
finalmente, el requisito más significativo para los hacedores de oes con un
canuto. Su habilidad en adquirir la técnica de plasmación de la o determinará
su endeblez tipográfica, el trazo longitudinal cerrado, la esfericidad de su
espíritu y su eterna redondez.
domingo, 1 de septiembre de 2019
Abducción pictórica
La mujer que vigila la cuarta
sala del museo, dedicada al impresionismo de Toulouse Lautrec, observaba como
un hombre se embelesa frente a un cuadro. Cada día visitaba la sala y se
quedaba impasible largo rato con la mirada fija en la obra. Después se despedía
de la mujer.
La vigilante, abonada a su rutina,
en una ocasión levantó la vista del libro que leía y vio al hombre enfrentado a
la pintura nuevamente. Volvió a embeberse de letras hasta que terminó su turno
de trabajo y cayó, entonces, en que el hombre no se había despedido. Desde ese
día no lo volvió a ver por el museo.
Ahora, cada vez que vuelve a su
rutina laboral y mira el cuadro 'Baile en el Moulin Rouge', siente una especie
de repelús.
domingo, 25 de agosto de 2019
Seguridad
Entra un ladrón al establecimiento con el rostro tapado y empuñando un arma blanca. Los ojos de la dependienta expresan el miedo atenazador del instante que parece transcurrir a cámara lenta. El caco le pide que le entregue lo más valioso que haya en el comercio. Ella accede y le entrega un espejo sin fondo donde cae y desaparece.
domingo, 18 de agosto de 2019
Turnos
Cinco pacientes reunidos en la sala de espera refieren, uno a uno, su situación:
—Lo peor del cáncer no es que te mate, sino que mientras te mata no te deja vivir —habla el primero.
—Lo malo de vivir no es morir al final, sino que no puedas gozarlo [sic] —explicó el siguiente.
—Corremos hacia la muerte sí pero no todos de igual manera. Ahora sé que estoy condenado a una pronta ejecución.
—Al final estás solo frente al hecho de la muerte.
—Cada uno tiene su turno: ese momento vital que todo lo transforma —dijo el último.
domingo, 11 de agosto de 2019
Santón
Consultó a un asceta al respecto de su trayectoria vital:
—Me puedes decir algo relativo a mi vida —le preguntó.
—Dime con qué sueñas y te diré quién eres.
Tras pensar durante unos instantes dijo:
—Sueño con sexo y con que me toca la lotería.
—Tú estás mal —sentenció el eremita.
—Seguramente. Aunque cuando sueño soy feliz.
domingo, 4 de agosto de 2019
Juanito y las pulgas
Furfur es uno de los setenta y dos demonios relacionados en el 𝘈𝘳𝘴 𝘎𝘰𝘦𝘵𝘪𝘢. De él se refiere que miente a menos que se le obligue a entrar en un triángulo mágico, donde da respuestas certeras a todas las preguntas. Este diablo debió ser el instigador de una fechoría que recuerdo a un grupo de niños de mi infancia.
Varios chavales reclamaron a Juanito, un niño llegado desde Bélgica tras un periodo de inmigración de sus padres que trataba de adaptarse a un país salvaje. Lo llamaron en auxilio de un objeto perdido en un pequeño corral que había servido de cobijo a varios perros. Juanito, ingenuo, buscó entre la broza del cubículo. Movió el estiércol aquí y allá con afán de ayudar a localizar el misterioso objeto hasta desistir de su búsqueda. Lo único que encontró fueron tres días de postración en la cama con fiebre alta, inmensos picores y el cuerpo lleno de sarpullido. Entonces entendió que las pulgas eran invisibles.
domingo, 28 de julio de 2019
Bichos
La infancia bien pudiera ser un espacio amoral e inconsciente. Al menos se puede decir que a ciertas edades es difícil tener conciencia del dolor que puedan sentir algunos seres vivos. Un comentario de mi entrañable amigo Joselu me trajo a la memoria algunas tropelías vividas en mi niñez.
Recuerdo que no me gustaba participar de aquellos desmanes contra los bichillos pero que quizás no me inhibiera contra hormigas y moscas, pues uno de los juegos era hacer arder sobre un palo una botella de plástico y dejar caer las gotas del material derretido sobre las largas filas de hormigas que iban y venían a sus hormigueros, a modo de aviones que bombardearan un convoy militar. Sin llanto ni gemido por parte de los insectos no le suponíamos dolor, aunque sus filas quedaban bastante maltrechas y sus exoesqueletos plastificados. Reconozco apenarme de tal malicia porque con el tiempo los insectos me han servido, incluso, de inspiración lírica.
Pero en mi memoria guardo un decálogo de bárbaras costumbres —de las que siempre me aparté—, en las relaciones de los niños y los insectos, reptiles y hasta mamíferos. Así vi con asombro como tenían por costumbre, algunos chicos, meter tabaco en la boca de las lagartijas y colocar un palito entre sus extremidades a modo de que aparentara ser un guitarrista. Las moscas, saltamontes y otros bichos voladores eran objeto de amputación de miembros, o atados con hilos hasta que se extinguía su vitalidad.
Solían buscar alacranes bajo las piedras porque eran los más implacables depredadores para después, en el mismo recipiente, acompañarlos de arañas, escarabajos, ciempiés, gusanos, hormigas y algún otro insecto que se preciara. Se trataba de saber quién sobrevivía en aquella jungla de seres extraños. El resultado era una orgía de miembros descuartizados y en el epílogo no perduraban ni los ganadores que recibían la muerte como premio por parte de sus captores.
No todos los animales corrían igual suerte. Los niños temían especialmente a las avispas, a las que solían quitar el aguijón y a las abejas. Adoraban a los grillos que alimentaban con lechuga y guardaban en una pequeña jaula. Coleccionaban gusanos de seda que engordaban con las hojas de la moreda. Capturaban y soltaban a las libélulas al igual que a las santateresas. En verano perseguían a las chicharras y por las noches el más preciado tesoro eran las luciérnagas.
Los anfibios, reptiles de tamaño medio, gatos, perros y pájaros, son capítulo aparte.
domingo, 21 de julio de 2019
El tendero de las palabras
La primera vez que me fijé en él
lanzaba piropos a un grupo de jovencitas que pasaba frente a su tienda de
ultramarinos. En la puerta había colocada una pizarra sostenida sobre una
especie de atril de patas cortas. Escrito con tiza, junto al precio del pan,
las patatas y el azúcar, se podía leer: «no hay sábado ni mocita sin amor».
El descubrimiento fue una
licencia para mi curiosidad y mi imaginación de niño. Cada vez que tenía
ocasión volvía a pasar por la calle donde reglaban frases ingeniosas, las
mismas que procuraba memorizar para después comentarlas a mis amigos.
Un día tuve que entrar a comprar
un kilo de garbanzos para cumplir con un encargo de mamá. El tendero,
prodigioso para mí, me agasajó con algunas bromas y me despachó las semillas.
Dijo: «un kilo de legumbres y cuarto y mitad de adjetivos para estos garbanzos
tiernos y jugosos».
Entonces bajó un bote de cristal
lleno de trocitos de papel blanco que estaba colocado en uno de los estantes,
entre las latas de conservas, y me lo dio junto con el paquete de garbanzos.
«Toma, un regalo», me dijo, mientras pensaba que mejor me hubiera dado un
caramelo.
Al salir del comercio, intrigado,
desdoblé el papel y dentro estaba escrita una palabra: obnubilar.
domingo, 14 de julio de 2019
Palabra
Pasaba por allí y al mirar, de
forma inadvertida, pude ver que la habían echado al cubo de la basura. Supuse
que en una época donde la imagen y el ruido son preponderantes, dejaron de
usarla.
Me
dio pena y, con cuidado de no mancharme, la rescaté. Luego de haberla limpiado
recompuse sus siete letras y la coloqué como título de este cuento por si le
hacía falta a alguien.
domingo, 7 de julio de 2019
La escritura circular
Abordó la escritura de un relato sobre un escritor que escribía un cuento. Cuando anotó la palabra título, el escritor de su cuento anotó la palabra título. Durante un instante pensó cómo llamar la narración hasta que decidió bautizarla con el nombre de ‘La escritura circular’. Entonces el protagonista de su historia designó a su creación ‘La escritura circular’. Y empezó a manchar el blanco del papel con las primeras palabras: «Un escritor escribía un cuento sobre un escritor que escribía un cuento que se escribía a sí mismo hasta el infinito».
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