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Entradas

Realidad virtual

Entré a aquel bar para tomarme algo fresco. Me atendió un camarero con acento cortés y de mediana edad, calvo. Cogí mi consumición y me senté en una mesa. Eché una mirada en derredor del establecimiento y vi a un hombre enjuto que echaba monedas en una tragaperras sin parar. Junto a él una mujer sobremaquillada y con la ropa pegada al cuerpo que dibujaba un perfil de bultos irregulares, rodeándole con el brazo. Al fondo en una mesa cuatro hombres miraban distraídos un partido de fútbol en el televisor, dos con poco pelo, otros dos barrigones, uno de ellos carraspeaba de vez en cuando y a otro le costaba masticar porque no tenía dientes. También había dos parejas entretenidas en sus juegos eróticos, pero que no eran adolescentes, una de las mujeres con la ropa tan pegada que dejaba adivinar los kilos que le sobraban. Más allá dos compadres, uno de inmenso cuerpo y otro diminuto, cargados de alcohol. Otros que entraban y salían con rostros poco afortunados que alguno reconocía en decir…
Entradas recientes

Dominical

Me llamo Fina, tengo tres hijos. Me casé muy joven embarazada y ahora trabajo en una empresa de limpieza en la que también lo hace mi marido. Hoy domingo me he levantado temprano. Todos duermen. Al ir a lavarme la cara he notado que un puntito negro afeaba mi piel. Mientras me revisaba el cutis he pensado que no estoy tan mal para mis veinticinco años. 
Me he preparado un café cargado y me he sentado en el sofá para desayunar tranquila mientras veo la tele. De repente un anuncio me ha hecho sentirme mal. Una chica, que podría tener mi edad, aunque mejor cuidada porque debe ser modelo, ha hecho igual que yo delante del espejo y tras mirarse durante unos segundos ha aparecido un rótulo que decía: “Mientras unos se miran al espejo, 40 millones se mueren de hambre”. Manos Unidas. 
Me he sentido mal. He agachado la cabeza y he comenzado a leer en una revista. La reina de Jordania “debe hacer hueco en su apretada agenda para coger el jet y visitar Nueva York, Roma y París. Allí la esperan …

Desdoblamiento

Llamé a mi casa y me contestó mi voz.

-¿Sí? Dígame.

-Soy tú le dije.

-Me gasta una broma o qué.

-¿No me reconoces?

-Mire no tengo mucho tiempo que perder. O me explica lo que quiere o le cuelgo.

-No te pongas en ese plan de situarte en un plano superior que te conozco.

-Usted a mí no me conoce de nada.

-¿Cómo qué no? Te conozco cuando te levantas por la mañana maldiciendo el hecho de tener que ir a trabajar; cuando te impacientas en los atascos; cuando te exaltas porque alguien se demora haciendo la compra, mientras tú esperas… ¿Quieres que siga?

-Vale, no siga usted. ¿Qué quiere venderme? ¿Es una nueva oferta telefónica, libros, algo a plazos? ¿O se trata de una encuesta camuflada? Le aseguro que si es algo de alguna confesión religiosa hemos terminado de hablar.

-No vas a cambiar nunca, siempre te precipitas sobre las cosas.

-Hombre, encima me da consejos de comportamiento. Dígame qué quiere.

-Quiero que reflexiones sobre tu vida.

-Eso es muy metafísico.

-No eso es mu…

Pastillera

—Tomo pastillas para los vértigos, el tiroides, la tensión, el azúcar, la depresión, la circulación de la sangre, los gases, para poder dormir y alguna más para los dolores que tengo repartidos por el cuerpo.

—Abuela eres una drogadicta.

—Ay niña, no me digas esas cosas que suenan muy mal.

Pezqueñines, no gracias

Una línea de mar azul infinita trazaba el horizonte aquella mañana de agosto. Una muchedumbre de bañistas tomaba el rebalaje con sus juegos de agua y sus chapuzones. La playa estaba invadida por miles de domingueros. 
En medio de la normalidad de aquel tumulto, de repente, surgió de entre las aguas una figura hercúlea, medio hombre y medio pez, que paralizó la imagen cálida y vacacional de aquel momento. Los bañistas asombrados quedaron boquiabiertos ante ese ser monstruoso cubierto de escamas que, con su mano izquierda, sostenía un tridente y una red de pescador con la derecha, como si fuera un gladiador del circo romano. 
Fue entonces que comenzó a girar la red sobre su cabeza y tras varios giros la arrojó contra los bañistas que, despavoridos, comenzaron a huir en todas direcciones hacia la playa. Tras lanzarla atrapó en la red una veintena de éstos, la cargó sobre sus hombros y comenzó a caminar hacia el interior del mar, mientras a sus espaldas se escuchaban gritos de horror y l…

Discusión matrimonial

—Mira Pepe tú no sabes lo difícil que lo tengo para llegar a fin de mes con lo que tú me das —la mujer hizo una pausa—. Por todo, ya te digo, no sólo es por el dinero, es la casa que le hacen falta unos arreglillos —sollozó sincopadamente—. Y luego está lo de la niña que se ha empeñado en trabajar de camarera en un bar de noche, para volver a las tantas. Y tú que nunca me ayudas, te callas y dejas las cosas correr. Pero a mí se me fríe la sangre con cosas como esta, qué quieres que te diga. 
La mujer sacó un pañuelo de papel del bolsillo y se apretó las aletas nasales para proseguir con su retahíla de lamentaciones. 
—Y de tu hijo mayor qué me dices. Va a dejar los estudios porque primero está lo de estabilizar su relación de pareja. Desde que conoció a esa tiene el juicio en otra parte, no se da cuenta dónde se mete. 
Un grupo de personas en silencio se acercaron hasta el lugar donde estaba la mujer que se retiró unos metros. Puso cara de circunstancias, es decir, se apenó mientras …

Cuentos impúdicos

Pinturas de guerra Quiso lucir atractiva y eligió como color de labios la lascivia y como maquillaje la perdición.
Fruta prohibida Su sexo olía a guayaba.
Canicular Fue un verano demasiado caliente: sus bochornos inguinales ocuparon toda la estación.
Inundación Se sintió tan húmeda que lo anegó con su amor.
Angelical Era una delicia de chica, tanto que en su pubis crecía el cabello de ángel.
Éxtasis El vaivén de los suspiros, el gemido de los besos, el jadeo del espíritu... y el final.
Glotona Degustaba a los hombres con el exquisito paladar de una ninfa.
Contorsionista He pensado que amarnos es la única atrocidad que nos queda por hacer.
Gesto Mientras cogía su mano con ternura imaginó la fantasía más obscena.
Evanescencia Sintió el aleteo de una mariposa sobre la carnosidad de su vulva y flotó en el tiempo.
Embaucador Mírame a los ojos le pidió. Y le hizo de todo.
Sismo Cruzó las piernas y se corrieron las crujías del cielo.
Nido Un pequeño beso se escurrió por su cuello hasta cobijarse en …

La vuelta al cole

Después del maestro, al frente sobre la tarima, el resto de la clase estaba por ocupar su puesto en el aula. En primera línea los listos, los que querían llamar la atención, los ‘pelotas’, los concentrados, la minoría selecta y aquellos otros que no veían bien la pizarra. En medio la tropa, los tímidos, los del apellido en mitad del abecedario, los compañeros siameses, las sociedades afines y los intereses comunes. En las esquinas los marginados, los desplazados y, junto a la puerta, los que querían escapar pronto de aquella realidad. Al final, los que armaban jaleo, los que no daban golpe, los vagos y maleantes, los insurrectos, los inconformistas, los repetidores, los que persistían en sus errores, los rebeldes y los que se aburrían. No sé cómo me las apañaba todos los años para terminar en la última fila.

El misterio chino

Primero fue lo del abuelo chino. Nadie le vio morir y menos enterrarle, pero un día dejó de toser en el balcón. ¿Alguien ha visto sepultar a un chino en este país? Después fue lo de los rollitos de primavera ¿cómo podían saber igual en cualquier restaurante chino donde fueras? Luego estaba la cara de la simpática camarera que te ofrecía un chupito de licor de lagarto al terminar la comida y que siempre era la misma, pero que cada vez parecía como si hubiera una nueva. Para terminar no me explicaba cómo podían cocinar tan rápido y quién guisaba porque para tantos platos faltaban manos. El misterio me ha quitado el apetito.