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domingo, 30 de junio de 2019
Consuelo
Me la encuentro pasado un tiempo tras el accidente de tráfico que acabó con la vida de su joven hijo. Nos saludamos con la mirada porque hay momentos donde sobran las palabras.
—Una pierde a los seres queridos pero no debe perder lo que sentía hacia ellos —me confiesa casi con lágrimas en los ojos—. Cada mañana hago cosas que sé que a él le gustaba verme hacer, no sé algo como sonreír, cocinar, dar largos paseos…
Después hay un silencio.
—Mi corazón ahora es un vaso de agua y su recuerdo como una bolsita de té que mojó para que me impregne de su presencia.
domingo, 9 de junio de 2019
Cadena de mando
Toúntos es la contracción de ‘todos juntos’. Los toúntos es el apodo que recibe una familia compuesta por cinco hermanos y sus dos progenitores que viven en un pequeño pueblo agrícola.
Cada día suben a trabajar al monte el padre y los cinco hijos. Allí tienen un cortijo y unas tierras donde hacen la labor. La escena es casi cotidiana. Después de andar un largo trecho desde el domicilio familiar hasta la finca se percatan de que la llave del caserío la han olvidado.
Pepico, el primogénito sexagenario, manda a Basilio, segundo en el orden familiar, que regrese a por la llave. Basilio traslada la petición a Ambrosio, éste a Dionisio quien a su vez la trasmite al benjamín, Olegario.
Al final es el más tonto quien hace el trabajo y el padre baja a por la llave.
domingo, 2 de junio de 2019
Descorazonada
Ella me confesó que no tenía corazón.
― ¿Qué fue de él? ― pregunté.
― Se lo di a los hombres para que se lo comieran.
― ¿Por qué lo hiciste? ― insistí.
― Porque a quienes quise, me lo dejaron inservible ― respondió con suma indolencia.
domingo, 12 de mayo de 2019
Bromistas
Los casinos de los pueblos, donde los hombres se reunían al atardecer para jugar a las cartas o al dominó, fueron fuente de chanzas y burlas sobre los más desafortunados. En cierta ocasión escuché relatar como verídica una historia vivida en esa atmósfera:
Rodolfo llegó como todas las tardes y dejó su sombrero sobre la percha. Se sentó en la mesa con sus compañeros de juego y comenzó su habitual partida de cartas. No pasó mucho tiempo cuando uno de ellos le dijo: «tienes la cabeza algo hinchada». Rodolfo no hizo caso al comentario.
No pasó mucho tiempo cuando alguien de la sala se acercó a saludar a los jugadores de la mesa y también hizo la misma observación a Rodolfo. «Se te ve la cabeza algo hinchada».
Los comentarios de ese tipo salpicaron la tarde. Rodolfo harto de tanto runrún fue al baño y se miró en el espejo. No observó nada extraño y eso lo tranquilizó.
Para culminar la gracia, en un descuido, colocaron bajo el forro del sombrero papel de periódico. Al terminar la partida de cartas Rodolfo se levantó y fue a por su sombrero. Cuando intentó colocárselo en la cabeza no pudo hacerlo.
Dicen los que le vieron que la cabeza de aquel hombre, en ese instante, se hinchó como un globo rojo. Su corazón se paró y cayó al suelo fulminado.
domingo, 10 de febrero de 2019
La invitada
Leticia
era una soltera incombustible de esas que ve cómo se casan todas sus amigas
mientras ella se queda para ‘vestir santos’. Siempre aguantando bromas del
tipo: «Leti que se te va a pasar el arroz» y otras de condición similar. Ella
sonreía siempre ante estas sandeces, pero guardaba un pozo de resentimiento
colmado por el goteo de tanto retintín.
Invitada al enlace matrimonial de
sus queridos amigos Vanesa y Carlos, Leticia, como manda el protocolo, entregó
igual que el resto de invitados un sobre a los novios en el día de su boda.
Este presente es para desearos mucha
felicidad en vuestra nueva vida de casados. Después de pensar mucho qué
cantidad de dinero debía meter en este sobre, he llegado a la conclusión que el
mejor regalo que os podía hacer es mi sinceridad la cual será un lazo de unión
más seguro que el sacramento matrimonial.
En
primer lugar, quiero decirte a ti, Carlos, que tu flamante esposa, en los
últimos dos años, te la ha estado pegando con tu primo Rodrigo, y me ahorro los
detalles que te los puede contar ella mejor que yo.
Tú,
Carlos, tampoco te quedas atrás y aunque en lo sexual, aparte de restregarte
con la puta en la despedida de soltero, no hay nada achacable, le deberías
contar a Vanesa que tu boda es una estrategia económica, planificada junto a tu
madre, para reflotar la empresa familiar. También me ahorro los calificativos
con que designan a la familia política en tu casa. En fin, creo que estáis
empatados y deberías uníos ante la adversidad.
Vuestra amiga siempre,
Leticia
Vanesa
y Carlos pasaron por varios estados emocionales en cuestión de segundos.
Pensaron intercambiar muchos reproches, pero decidieron como gente civilizada.
Vanesa recordó que pronto sería la boda de su amiga Esperanza y Carlos pensó en
el casamiento de su primo Rodrigo. Ambos rumiaron que Leticia estaría invitada
y les llevaría un sobre con sus mejores deseos y algunos secretos que ellos
conocían.
domingo, 3 de febrero de 2019
Renovación del DNI
Tras
fijarme que tenía caducado el Documento Nacional de Identidad desde hace veinte
años, he tomado la drástica decisión de renovarlo. Sobre todo, porque no
acababa de reconocer al tipo de la foto. Un examen de conciencia ciudadana me
encaminó hacia la Comisaría de Policía.
−Buenas.
−Dígame.
−Es
aquí para renovar el carné.
−Sí.
−¿Qué
hace falta?
−Dos
fotografías y el carné antiguo.
−Tome.
−¿Es
usted Juan Pérez Martínez?
−No
estoy seguro.
−¿Cómo
dice?
−Que
a veces siento que no soy esa persona.
−Un
poco de seriedad, eh.
−Es
por mi enfermedad.
−¿Está
usted enfermo?
−Sí.
Tengo un trastorno bipolar serio.
−
¿Eso qué es?
−Que
unas mañanas me siento bien, como el del anuncio del donut, y otras todo lo contrario. Por eso no sé si soy yo u otro.
−Pero
¿usted cambia de apellidos durante el día?
−No.
−Pues
entonces usted es este.
−Vale,
si usted lo dice.
−¿Es
hijo de Juan y Juana?
−De
Juana sí, porque me crió, pero de Juan no sé.
−¿Cómo
que no sabe?
−Es
que yo tengo varios padres.
−A
ver, explíquese.
−Sí
porque a mi madre le hicieron varias transfusiones sanguíneas durante el
embarazo.
−Eso
no cuenta. Su padre es Juan y ya está.
−¿Vive
en la calle del Agua número 7?
−No,
se llama calle Sequía, le han cambiado el nombre; como no llueve.
−Oiga
me está usted impacientando.
−Disculpe,
es por culpa de mi falta de identidad que caducó hace veinte años.
−Ya
veo. Ande, deme el dedo índice de la mano derecha.
−Ese
no. ¿No le importa que sea el de la izquierda?
−Me
parece que usted y yo vamos a acabar mal. Muy mal.
−No
se ponga usted así, hombre. Se lo digo porque el derecho, como lo utilizo mucho
para señalar, lo tengo un poco gastado e igual las dactilares salen un poco
cubistas.
−¿Acaso
tengo cara de tonto? ¡Traiga acá el dedo ahora mismo o se lo corto!
−Vale,
no se me irrite que igual le afecta el síndrome scriba infensus.
−Quiere
dejar de decir chorradas de una vez. Y ahora deme el pulgar.
−Sabía
usted que gracias a que el pulgar se opone a los otros cuatro dedos hemos
podido evolucionar. Sin él ni usted ni yo sería lo que somos.
−Me
tiene harto. Son 6 con 45 euros.
−Ah,
pero hay que pagar por tener identidad.
En ese momento observé como la
cara de aquel hombre enrojeció hasta un color rojo sanguina. Parecía que sus
ojos se le iban a salir y dejó de respirar. Inmediatamente cayó al suelo.
Dijeron que era un infarto. Entonces otro señor se me acercó y me dijo:
−Vuelva
usted mañana.
Pero no he vuelto, a fin de cuentas,
prefiero ser un sujeto no identificado.
domingo, 27 de enero de 2019
La cucaracha
Cada noche me topo con ella el cuarto de baño. Nos miramos fijamente a los ojos mientras mueve sus antenas en un desafío que recuerda aquellos duelos que mantenían los pistoleros del Oeste. Entonces pienso si será un pariente lejano de Gregor Samsa y no me atrevo a matarla. Las cucarachas pueblan este planeta desde hace 300 millones de años.
Al final los dos nos damos la espalda y volvemos a los quehaceres del sueño.
domingo, 20 de enero de 2019
Día de playa
La justicia, siempre divina, de la atmósfera pronosticaba un día termométricamente con las isóbaras a fiebre de camello. Discutían los noticieros especializados sobre la proclive tendencia a mantener las presiones atmosféricas en una cotización al alza. Vanesa desayunaba en camisón de seda verde y unas braguitas que amordazaban la frondosidad de su vello pubiano. Sumergía su cuchara sopera en el tazón de leche blanquecina y fresca para rescatar, con distraído automatismo, una buchada de cereales empapados de lácteo dulzor. Las fibras y el budismo eran la última cruzada dietética que se había empeñado domesticar. Pero Vanesa nunca pensaba que estaba comiendo porque le resultaba arduo el proceso combinatorio de la nutrición.
Soñar despierta era un ejercicio emocionante que además le reportaba una súbita belleza a su rostro infantil y maligno (una mezcla, digamos, de chica vamp y Lilí Monster). A pesar de lo enmarañado de su pelo, alborotado por alguna aventura onírica de la noche y del desdibujo de las postreras huellas de maquillaje, conservaba un aspecto vigoroso y fuerte, tan propio de las nativas de Tauro. Pero los 113 grados Fahrenheit de aquella mañana, le habían hecho encajar, súbitamente, una mueca de asombro y de perplejidad, enrareciendo su carita de cera virgen. Este iba a ser un día de calor, de un calor que haría sudar hasta las piedras. Se ordenaron entonces en su mente, mientras alzaba el tazón para finiquitar el asunto del desayuno, las imágenes de su biquini rojo, la arena ardiente, la sombrilla con paisajes de oasis, el chismorrear casi silente de las pequeñas olas, una pareja de delfines gemelos y la línea infinita del horizonte marino de un azulado refrescante. Un calor tontencino iba tomando el día por todas sus arterias y otros conductos de la circulación sanguínea.
Llamaron a la puerta justo cuando la radio anunciaba, el último boletín tórrido que recitaba una oleada de fuego, alcanzando, en esos momentos, la temperatura crítica soportable por la exudación de los cuerpos, situada por ciertos entendidos, no sin polémica, en los 140 grados Fahrenheit. Vanesa entonces perfilaba ante el espejo su ritual de labios y carmín, la malévola constelación de pecas ubicada en sus mejillas, y se alegró, al saber, que había llegado Luis para llevarla. Sólo la retuvieron los cinco segundos imprescindibles del último retoque.
Sorprendida al entreabrir la puerta y no ver a nadie, sólo halló un charco de líquido en evaporación y reconoció las bermudas con dibujos de pececitos tropicales que le regaló a su novio. El calor le había echado por alto un día de playa.
domingo, 13 de enero de 2019
El beso
Llovía sobre el silencio de la noche coja con mansedumbre y delación, en una noche de mayo cuando todas las puertas se han cerrado. La tormenta del miedo que auscultaba entre los borradores de los sueños, se hacía fuerte y jadeaba. El tiempo era un misterio envejecido como un vino añejo. Entonces la besó en la boca. La besó con un beso apasionado y definitivo mientras su mano derecha agarraba la nuca que tapaba una ondulada melena pelirroja de reflejos oscuros desplegada en el aire de la noche. Sabía que la perdía, que ya la estaba perdiendo desde esa noche desangelada. Sara no entendió el porqué de aquel beso, ni el titilar de las estrellas que asomaban en el silencio como puntitas de cristal, ni la mirada extraña del transeúnte que cruzó aquel instante. Una lágrima andrógina se deslizó por la mejilla de Esperanza mientras recordaba la última escena de la película Thelma y Louise.
domingo, 6 de enero de 2019
Mucho rímel
Sintió como su mirada le entraba dentro hasta herirlo, como sus ojos lo desnudaban hasta exponerlo indefenso. Parecía como si un millón de agujas le hubieran penetrado cada poro de su piel. Apenas podía balbucir una palabra porque aquella que 𝘩𝘢𝘤𝘦 𝘵𝘦𝘮𝘣𝘭𝘢𝘳
𝘥𝘦
𝘤𝘭𝘢𝘳𝘪𝘥𝘢𝘥
𝘦𝘭
𝘢𝘪𝘳𝘦 lo había desarmado y sentía como se hundía hasta naufragar. El parpadeo de sus pestañas, como el batir de alas de una mariposa, le hizo salir del mal trago. Había mucho rímel. «Me pones un cubata».
domingo, 30 de diciembre de 2018
Dos grados
Dos grados centígrados es el aumento medio que las temperaturas experimentarán este verano según han anunciado los expertos. Y dos grados dan para mucho. Dan para una evapotranspiración superior a la de canículas pasadas, algo que nos forzará a aumentar el consumo de agua embotellada y por, consiguiente, a que se eleve el precio en el mercado y la especulación en el sector.
Otra de las consecuencias previsibles de la acentuación de las temperaturas será una mayor eclosión de insectos, que puede hacer pensar en las siete plagas bíblicas de Egipto. Veremos aparecer moscas por doquier, mosquitos, cucarachas volantonas, luciérnagas, polillas, escarabajos y otros artrópodos. Puede que a estos insectos se agregue una plaga más de predicadores de anuncios apocalípticos.
La venta exagerada de aires acondicionados será otro de los factores a considerar debido, primero a la especulación y baja calidad de los aparatos en el mercado y, segundo, a que la gente se refugiará en sus hogares y las calles quedarán semidesiertas con la imagen impactante para los veraneantes que sólo verán pasear a los desposeídos de un refrigerador de aire. El crecimiento del negocio de aires acondicionados contrastará con la posible ruina de las terrazas al aire libre.
Además, está el problema de la oxigenación derivado del mayor consumo que hace el cuerpo humano de este elemento cuando se eleva su temperatura y que empeorará la calidad del aire.
domingo, 23 de diciembre de 2018
El filo de la cama
Las personas que tienen por costumbre dormir solas no saben el tesoro que poseen. En su descargo argumentan que, en esa práctica, echan de menos al alguien a quien poder abrazar las largas noches de inverno, un otro con quien charlar las cortas y calurosas noches de verano. Quieren, en definitiva, compartir los pensamientos del día y los sueños de una vida mejor y no estar solos en ese viaje que es el sueño nocturno.
Está claro que hablan desde la inexperiencia sobre un hecho que resulta trascendente en la vida marital. La cama, una vez decides compartirla, se convierte en un mapamundi geopolítico y estratégico. Para empezar, debes elegir una parte de ella que será como si te condenaran a cadena perpetua, porque ya nunca podrás regresar al otro lado. Para seguir tendrás que ser de izquierdas o de derechas (en la cama), porque no hay punto intermedio. Podrás mirar la otra mesilla de noche, pero ya no te pertenecerá y hasta la lamparilla con nostalgia, pero ese interruptor no lo tocarás jamás de no ser que se rompa y tengas que acudir, no como usuario, sino como chapuzas doméstico. Es como si vivieras en España y te acordaras de China.
Una vez te acomodas en la mitad del uso del colchón, lo peor está por llegar al sucederse una serie de litigios y calamidades que nunca habías previsto. El primero es el uso y abuso de la almohada que puede derivar en una tortícolis crónica o síndrome del pescuezo torcido, al que le esperan mañanas de masaje y Reflex. El segundo de los avatares es la llamada batalla por las sábanas, una guerra de tirones en la medio consciencia del sueño que, las más de las veces, acaba en trágica destapada, por no mencionar el tinglado que produce cuando a las sábanas añades la ropa de invierno (colcha, cobertor, edredón, etcétera), o cuando notas que tus pies están fríos y tu cabeza caliente. El tercero es cuando el enemigo avanza hasta sitiarte al mismo filo del precipicio (hay quien llega a caer al vacío). Entonces recuerdas con nostalgia como tu cama te recordaba a las grandes praderas donde solías retozar largas horas, buenos sueños.
domingo, 16 de diciembre de 2018
Leyenda oriental
Cuenta una leyenda oriental que, cierto día, se cerraron las puertas del Paraíso y que todas las oraciones de los fieles no lograron hacerlas abrir para que pudieran entrar las almas que trasmigraban de este mundo. La preocupación y los rezos fueron en aumento, igual que las almas de los difuntos que, desorientados, bajaban de nuevo al mundo con la importante crecida de almas en pena. Llegado un momento tal, el punto crítico del fluido inmaterial de almas, superó en mucho al de cuerpos materiales y colapsó la vida. Desde entonces La Tierra está habitada por fantasmas.
domingo, 9 de diciembre de 2018
Realidad virtual
Entré a aquel bar para tomarme algo fresco. Me atendió un camarero con acento cortés y de mediana edad, calvo. Cogí mi consumición y me senté en una mesa. Eché una mirada en derredor del establecimiento y vi a un hombre enjuto que echaba monedas en una tragaperras sin parar. Junto a él una mujer sobremaquillada y con la ropa pegada al cuerpo que dibujaba un perfil de bultos irregulares, rodeándole con el brazo. Al fondo en una mesa cuatro hombres miraban distraídos un partido de fútbol en el televisor, dos con poco pelo, otros dos barrigones, uno de ellos carraspeaba de vez en cuando y a otro le costaba masticar porque no tenía dientes. También había dos parejas entretenidas en sus juegos eróticos, pero que no eran adolescentes, una de las mujeres con la ropa tan pegada que dejaba adivinar los kilos que le sobraban. Más allá dos compadres, uno de inmenso cuerpo y otro diminuto, cargados de alcohol. Otros que entraban y salían con rostros poco afortunados que alguno reconocía en decir: “anda que eres más feo que yo”. Y estaba yo que no era muy diferente a todos ellos.
De repente el volumen de televisor aumentó y llamó mi atención sobre el ruido de fondo que había en el bar. Comenzaba un intermedio publicitario. Me fijé y sólo vi gente joven, inmaculada, dermoestéticamente perfeccionados por la genética y los tratamientos antiarrugas. Gente que parecía feliz, casi perfecta en sus deseos y en sus realidades.
Entonces me pregunté que, si la gente es así realmente, los que estábamos en aquel bar no existíamos. Éramos virtuales.
domingo, 2 de diciembre de 2018
Dominical
Me llamo Fina, tengo tres hijos. Me casé muy joven embarazada y ahora trabajo en una empresa de limpieza en la que también lo hace mi marido. Hoy domingo me he levantado temprano. Todos duermen. Al ir a lavarme la cara he notado que un puntito negro afeaba mi piel. Mientras me revisaba el cutis he pensado que no estoy tan mal para mis veinticinco años.
Me he preparado un café cargado y me he sentado en el sofá para desayunar tranquila mientras veo la tele. De repente un anuncio me ha hecho sentirme mal. Una chica, que podría tener mi edad, aunque mejor cuidada porque debe ser modelo, ha hecho igual que yo delante del espejo y tras mirarse durante unos segundos ha aparecido un rótulo que decía: “Mientras unos se miran al espejo, 40 millones se mueren de hambre”. Manos Unidas.
Me he sentido mal. He agachado la cabeza y he comenzado a leer en una revista. La reina de Jordania “debe hacer hueco en su apretada agenda para coger el jet y visitar Nueva York, Roma y París. Allí la esperan con expectación los directores de las marcas más exclusivas, que se disputan el honor de contribuir a su fondo de armario: Ralph Lauren”.
Me he sentido peor.
sábado, 1 de diciembre de 2018
Desdoblamiento
Llamé a mi casa y me contestó mi voz.
—¿Sí? Dígame.
—Soy tú le dije.
—Me gasta una broma o qué.
—¿No me reconoces?
—Mire no tengo mucho tiempo que perder. O me explica lo que
quiere o le cuelgo.
—No te pongas en ese plan de situarte en un plano superior
que te conozco.
—Usted a mí no me conoce de nada.
—¿Cómo qué no? Te conozco cuando te levantas por la mañana
maldiciendo el hecho de tener que ir a trabajar; cuando te impacientas en los
atascos; cuando te exaltas porque alguien se demora haciendo la compra,
mientras tú esperas… ¿Quieres que siga?
—Vale, no siga usted. ¿Qué quiere venderme? ¿Es una nueva
oferta telefónica, libros, algo a plazos? ¿O se trata de una encuesta
camuflada? Le aseguro que si es algo de alguna confesión religiosa hemos
terminado de hablar.
—No vas a cambiar nunca, siempre te precipitas sobre las
cosas.
—Hombre, encima me da consejos de comportamiento. Dígame qué
quiere.
—Quiero que reflexiones sobre tu vida.
—Eso es muy metafísico.
—No eso es muy real. Piensa a qué dedicas tu tiempo.
—Lo dedico a aquello que me veo obligado a hacer y, cuando
puedo, a lo que me gusta.
—Pierdes el tiempo en cosas absurdas: escribir, Internet, en
especial esas dos cosas juntas, bajar al mar, hablar con los amigos,
intercambiar afectos, dedicarte al tiempo inútil de la meditación, leer, poner
un acento escéptico y pesimista a la forma de ver el mundo… ¿Crees que por ahí
vas a llegar a alguna parte?
—No lo sé. ¿Si usted me dice dónde hay que llegar?
—Podrías replantearte tu modo de vida. Antes no eras así.
—Me parece que es un poco tarde para cambiar las cosas.
Además, ya no recuerdo como era antes.
—Inocente, espontáneo, combativo, enamoradizo, libre.
—También cabezota, inconsciente, irresponsable, indolente
con los que me rodeaban.
—Pero ahora eres demasiado metódico y ritualista. El
pragmatismo se ha apoderado de ti y no haces nada que no tengas programado.
—Se me escapa el tiempo.
—Por eso, no echas de menos el cometer más errores, correr
más riesgos. Hacer más tonterías. Jugar como un niño.
—Siempre me faltará aquello que no tengo, pero lo que no
tendré nunca será otra vida para repetirme.
—Por eso come más pasteles y bebe más vino. Ten más
complicaciones reales y menos problemas imaginarios.
—Mi realidad imaginaria tiene tanto peso como el mundo
físico. Sin uno no podría vivir en el otro.
—La vida está hecha de momentos. No hay que dejar escapar el
ahora.
—Vivir es un momento. Ese es mi ahora.
Al colgar pensé: esta es la última vez que hablo con un
desconocido.
viernes, 30 de noviembre de 2018
Pastillera
—Tomo pastillas para los vértigos, el tiroides, la tensión, el azúcar, la depresión, la circulación de la sangre, los gases, para poder dormir y alguna más para los dolores que tengo repartidos por el cuerpo.
—Abuela eres una drogadicta.
—Ay niña, no me digas esas cosas que suenan muy mal.
domingo, 25 de noviembre de 2018
Pezqueñines, no gracias
Una línea de mar azul infinita trazaba el horizonte aquella mañana de agosto. Una muchedumbre de bañistas tomaba el rebalaje con sus juegos de agua y sus chapuzones. La playa estaba invadida por miles de domingueros.
En medio de la normalidad de aquel tumulto, de repente, surgió de entre las aguas una figura hercúlea, medio hombre y medio pez, que paralizó la imagen cálida y vacacional de aquel momento. Los bañistas asombrados quedaron boquiabiertos ante ese ser monstruoso cubierto de escamas que, con su mano izquierda, sostenía un tridente y una red de pescador con la derecha, como si fuera un gladiador del circo romano.
Fue entonces que comenzó a girar la red sobre su cabeza y tras varios giros la arrojó contra los bañistas que, despavoridos, comenzaron a huir en todas direcciones hacia la playa. Tras lanzarla atrapó en la red una veintena de éstos, la cargó sobre sus hombros y comenzó a caminar hacia el interior del mar, mientras a sus espaldas se escuchaban gritos de horror y lamentos.
Una voz, en ese momento, se destacó del resto: «¡Los niños, no! ¡Los niños, no!». El ser escamado se detuvo y pensó: «es cierto, no se deben pescar inmaduros o esquilmaremos los caladeros».
Miró dentro de la red y sacó los ejemplares más pequeños. La cerró y continuó con el resto de sus capturas hacia el interior del mar mientras el gentío, estupefacto, miraba desde la orilla recomponerse la línea de mar azul infinita que trazaba el horizonte de aquella mañana de agosto.
En ese instante una avioneta cruzó el cielo de la playa con una pancarta en la que se leía: Este anuncio ha sido patrocinado por el Ministerio de Agricultura y Pesca. ‘Pezqueñines, no gracias, debes dejarlos crecer’.
domingo, 18 de noviembre de 2018
Discusión matrimonial
—Mira Pepe tú no sabes lo difícil que lo tengo para llegar a fin de mes con lo que tú me das —la mujer hizo una pausa—. Por todo, ya te digo, no sólo es por el dinero, es la casa que le hacen falta unos arreglillos —sollozó sincopadamente—. Y luego está lo de la niña que se ha empeñado en trabajar de camarera en un bar de noche, para volver a las tantas. Y tú que nunca me ayudas, te callas y dejas las cosas correr. Pero a mí se me fríe la sangre con cosas como esta, qué quieres que te diga.
La mujer sacó un pañuelo de papel del bolsillo y se apretó las aletas nasales para proseguir con su retahíla de lamentaciones.
—Y de tu hijo mayor qué me dices. Va a dejar los estudios porque primero está lo de estabilizar su relación de pareja. Desde que conoció a esa tiene el juicio en otra parte, no se da cuenta dónde se mete.
Un grupo de personas en silencio se acercaron hasta el lugar donde estaba la mujer que se retiró unos metros. Puso cara de circunstancias, es decir, se apenó mientras pensaba «bueno mi Pepe ya tiene otro más con quien hacer amistad». Cuando el cortejo se marchó pasó el pañuelo de papel por la foto que había en la lápida.
—Tú siempre tan callado y dándome la razón como a las tontas —y se despidió.
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