domingo, 29 de enero de 2023

Rubicundos



Los adoradores del ocaso, con sus súplicas, detuvieron el sol antes de ponerse y lograron arrebolar sus pupilas. Desde entonces llevan fuego en la mirada.



domingo, 22 de enero de 2023

Atracos bursátiles








Al corredor de bolsa, el ladrón le preguntó: «¿La bolsa o la vida?» Y el bróker respondió: «Mi vida es la bolsa».

domingo, 8 de enero de 2023

La moraleja y la fábula





Era un gélido invierno. Una fábula, protegida por Esopo, disfrutaba del momento en la estación de esquí, mientras su vecina la moraleja trabajaba por enseñar a la gente qué se puede concluir del cuento de vivir. 



La fábula le brindó cantar y descansar, y la moraleja le aconsejó que debería dejar de estar ociosa y ponerse a aleccionar al personal sobre las circunstancias que rodean a la existencia humana. La fábula ignoró su consejo. 



Meses después llegó un caluroso verano, que sorprendió a la fábula sin traje de baño. Desesperada acudió a su convecina la moraleja pidiéndole ayuda. Sin embargo, la moraleja contestó preguntando qué había hecho durante el periodo invernal. La fábula le dijo que canturrear, a lo que la moraleja le respondió que bailara ahora ya que cuando pudo no hizo nada para evitar esa situación, y cerró la puerta dejando fuera a la fábula. 



Entonces, según La Fontaine, si no tienes una vida de fábula como cigarra, estarás condenado a trabajar y convertirte en una hormiga moralizante.

domingo, 1 de enero de 2023

El gorrilla



Lucía en su camiseta, con grandes caracteres negros, la leyenda: Take is easy. Parecía una advertencia o una intimidación, quizás parte de su acervo filosófico o de una reflexión profunda, el discurso existencial de quien debe ganarse el pan, o la dosis de droga, cada mañana. Cuando bajé del coche, entre curioso y asustado, el hombre me extendió la mano y me dijo: «dame algo que tengo hambre de letras».



domingo, 18 de diciembre de 2022

Solipsistas


—¿Es usted el juez que presidirá esta sesión?
—Lo soy —contestó con una serenidad majestuosa— ¿Y usted quién es?
—Soy el fiscal narrador de esta historia.
—Quiero dejarle claro que en este juzgado soy la Ley y nadie está por encima de mí.
—Quiero que tenga en cuenta que soy quien escribe su destino.
El juicio comenzó con las alegaciones por parte de los abogados de los litigantes, quienes expusieron de manera muy subjetiva sus alegatos. El juez los escuchó peripatético y poco entusiasmado. Las defensas presentaron a sus testigos, bien aleccionados sobre qué tenían que responder a sus preguntas y qué no debían decir a la parte contraria.
—Esto parece un espectáculo —apostilló la voz narrativa—, un cenáculo de la probidad.
—Es el procedimiento judicial.
—Los testimonios de esas personas son sesgados y tendenciosos. Vienen instruidos sobre qué deben manifestar.
—Mi deber es escucharlos antes de un pronunciamiento salomónico.
—Ahora entiendo porque llevan toga.
—Sí, por qué —preguntó contrariado—.
—Porque en la judicatura todo es oscuro.
—Le voy a expulsar de la sala.
—No puede. En todo caso podría echarme de su cabeza.
—Pues eso haré. Dejaré de pensar.
—Si lo hace se estará condenado a perder el juicio.



domingo, 4 de diciembre de 2022

Una muerte anunciada



Al pasar por aquella plaza vi cómo la gente se arremolinaba en una esquina. Algunas personas hacían grandes aspavientos y otras llamaban por teléfono. Me acerqué con cautela y curiosidad para saber qué pasaba. Una joven se cruzó sollozando en mi camino. Después escuché a alguien decir: «ha sido un infarto». Mi interés primó por encima de mi prudencia y esquivando el gentío comencé a observar el cuerpo de un hombre tendido en el pavimento, mientras otro intentaba reanimarlo presionando su pecho e insuflándole aire por la boca.

Al principio no aprecié nada raro, pero enseguida distinguí en aquel rostro el mismo que suelo ver por las mañanas en el espejo o al menos guardaba bastante parecido. Pude comprobar que su vestimenta era idéntica a la mía, incluso los zapatos eran similares y, en ese momento, me invadió una angustiosa sensación de inexistencia.

Al poco, apareció una mujer compungida que al acercarse se asemejaba terriblemente a mi compañera. Los servicios sanitarios llegaron y comenzaron a atender al accidentado que permanecía en estado inconsciente. Lo introdujeron en una ambulancia y sentí como si me despidiera de la vida.

Uno de los médicos preguntó por la identidad del infartado. La esposa le dio los datos.

No era mi nombre y respiré tranquilo.



domingo, 27 de noviembre de 2022

No hay niños



Las parejas se reunieron a cenar y pasar una noche alegre. Todas tenían hijos menores de doce años y pensaron que, para tener una velada tranquila la solución sería alimentar a sus retoños primero y, después, llevarlos a una sala amplia, donde bien acomodados fueran abandonados al cuidado de la nodriza llamada Internet, para los cual fueron dotados cada uno de su terminal.

Rieron, chalaron, bebieron y comieron, en un ambiente adulto despejado de requerimientos infantiles. Durante bastante tiempo nadie escuchó un «¡¡¡mamá!!!» o un «¡¡¡papá!!!».

No echaron en falta a su descendencia hasta que alguien dijo: «no haya niños». Los medios de comunicación tildaron el suceso de desaparición masiva.



domingo, 20 de noviembre de 2022

Abuelita



La abuela de Caperucita Roja, harta de que el lobo se la comiera cada vez que contaban el cuento, hizo una reclamación al Colegio Oficial de Narradores. En la misma reclamó una cierta dignidad como personaje popular y, por tanto, el pago de una pensión como cualquier persona del colectivo de la tercera edad, una dieta sana —no solo tarta y leche—, ser beneficiaria de los viajes de Imserso, la prestación de atención geriátrica y médica y, sobre todo, demandaba una nieta más espabilada que no la confundiera con un lobo en camisón.



domingo, 13 de noviembre de 2022

Calima




El cielo descargó una inesperada lluvia anaranjada coloreando la urbe de albaricoque maduro. El polvillo rubicundo tiñó las calles, los árboles, los coches y penetró en las casas anegando con sigilo todas las dependencias, impregnando cada rincón y objeto con una película de limaduras de mandarina.

Bajo el cielo leonado el asfalto parecía alfombrado de caléndulas, los edificios semejaban torres bermejas, las fuentes aparentaban ser surtidores melifluos y los parques cuadros donde se fundían ocres, caquis y cobrizos.

Los habitantes comenzaron, primero a respirar y, luego, a masticar aquel aire azafranado que se les coló por la nariz y por los ojos, y los fue pintando de un tono zanahoria, hasta que se volvieron de arcilla en una ciudad de barro.




domingo, 6 de noviembre de 2022

Crimen pasional



Había pasado el día desterrando cualquier hilo de suciedad y limpiando hasta el último rincón, para que todo quedara reluciente, impecable e impoluto. Al culminar el trabajo, sentada, suspiró. En ese instante, su marido cruzó la casa con las botas embarradas y un aire de borracho estrambótico. Los informativos lo adjetivaron como crimen pasional.



domingo, 30 de octubre de 2022

Irrepetible



Encontró un libro asombroso que, cada vez que lo abría, aparecían narraciones nunca antes leídas por alguien. Y que nadie volvería a leer.



domingo, 23 de octubre de 2022

Líquido vital



El alumno esperó paciente a que el maestro terminar su meditación.

—¿Qué te preocupa? —le dijo al abrir los ojos.

—Saber qué significación tendrá mi vida al final.

—Imagina una botella vacía que vas llenando con las experiencias vividas que, a la par, desaloja el aire que es el tiempo consumido. Solo tendrá sentido si aquello de lo que la has rellenado ha merecido la pena.



domingo, 16 de octubre de 2022

domingo, 9 de octubre de 2022

Wéstern



Todas las mañanas llena un cubo con el agua de la fuente que hay en el parque. Antes, la mujer, da varias vueltas alrededor del surtidor y luego mira al cielo. Mientras el chorro colma el recipiente invoca un viejo rezo en una lengua desconocida para los transeúntes. En el barrio todos la consideran loca. A ella no le importa lo que piense el vecindario y cuenta, cuando le preguntan, que un antepasado suyo vivió en el lejano Oeste. De un tiempo a esta parte vengo observando muchas cabezas rapadas por la calle.



domingo, 2 de octubre de 2022

Équidos



Era un lugar oscuro y olía a madera salada. Todos debíamos permanecer en silencio durante bastante tiempo. Así que me entretuve en imaginar cómo sería el vientre de un caballo y me quedé dormido. Al despertar me encontraba dentro de las murallas de Ilión.




domingo, 11 de septiembre de 2022

Encuentro en la primera fase

 

Un hombre de neandertal y un homo sapiens se encuentran hace 40.000 años en la península Ibérica. Después de mirarse fijamente a los ojos mantienen una conversación.

—¿Vienes de lejos? —preguntó el neandertal.

—Llevo andado miles de años hasta llegar aquí —respondió el sapiens.

—¿Estás cansado?

—No. Todo lo contrario, me siento pujante y lleno de energía. Dueño del futuro y de este mundo.

—Eres optimista. Yo en cambio sé que no veré el futuro.

—No lo verás; te extinguirás antes.

—¿Y no te da miedo tanta responsabilidad, ser la especie que domine la Tierra?

—¿Miedo? Me espera una vida apasionante llena de evolución. Inventaré la escritura, dominaré el fuego, practicaré las artes y cultivaré las ciencias. Descubriré el Universo que nos rodea y el átomo. Viajaré fuera del planeta.

—También inventarás a Dios y conocerás la muerte. Matarás de manera intensiva e indiscriminada. Acabarás con los recursos de este mundo y con otras especies y te adueñarás del planeta.

El homo sapiens bajo la mirada y meditó un momento.

—Tienes razón, hermano. Quizás yo tampoco tenga futuro.

—Entonces no parece tan bueno ni inteligente este diseño.

—Tú déjame que pensar es lo mío.

domingo, 4 de septiembre de 2022

Excusas



Primero fue el reloj del ayuntamiento, al que siguieron otros también señeros en toda la ciudad. Se detuvieron, incluso, relojes tan míticos como el de Grand Central Station en Nueva York, la torre Spasskaya en Moscú, el Big Ben en Londres o la Puerta del Sol en Madrid. Los digitales también pausaron su pulso y nadie sabía con exactitud qué hora era. Hasta los atómicos pararon su frecuencia de resonancia. El tiempo desapareció.

Pronto aparecieron vertederos con piezas en desuso: montañas de clepsidras oxidadas y retorcidas en sus diseños de los más variados y bellos estilos artísticos; desguaces con cúmulos de biseles, diales, coronas, orejetas, marcadores, manecillas y fornituras varias; cementerios con desechos de horas muertas, cronófagos inutilizados y vectores de cálculo inservibles.

Alguien dirá, ahora, qué pasó con los relojes de arena, de agua, de fuego, solar o de vapor. Y la respuesta es que la naturaleza suspendió las leyes que hacían funcionar estos instrumentos. Todas las personas andaban como perdidas tras la muerte del tiempo.

Este fue el argumento expuesta por el protagonista de la historia aquí leída cuando apareció con retraso a la entrevista de trabajo. Y luego, el escritor responsable del relato, hubo de levantar la restricción horaria para que todo el mundo pudiera saber qué tiempo era.



domingo, 28 de agosto de 2022

El almuerzo



Sentada frente a su madre de noventa y nueve años, Sofía contaba las arrugas mientras llevaba de manera casi mecánica a su boca el alimento. Cada línea en la piel auguraba la lectura de un recuerdo próximo o lejano. Su madre apenas la miraba porque desde hacía años el mundo le era indiferente.

Las estrías iniciales marcadas sobre su cara narraban un tiempo primerísimo no recordado. Un tiempo de leche y de abrazos. Las que continuaban estaban llenas de interrogantes, poderosas preguntas sin contestación alguna como la ausencia de escuela, su desflorecer adolescente, la obligatoriedad matrimonial, el dolor paritorio, la fuga de los hijos, esa amalgama de tristeza y alegrías que se hacen y deshacen como figuras de arena. En los pliegues más señeros era donde se marcaban las ausencias, esas que habían ido vaciando su existencia.

Sofía le hablaba sin palabras, la cuidaba como cuando niña fue mimada por ella con la que nunca tuvo una relación afable. Apenas aquellos momentos de ternura en los que le cantaba para levantarla de la cama, le peinaba con paciencia su larga melena, le hacía vestiditos con faldas de organdí y jerséis de lanas multicolores, o le daba consejos que nunca entendía.

Su rostro ahora era un paisaje de alejadas imágenes, algunas perdidas para siempre, otras más recientes soportaban la caducidad que la naturaleza contiene.

El silencio del almuerzo parecía el anuncio de una despedida que se repetía a diario, aunque las dos lo ignoraban.



Mutismo

Le dio su palabra y desde entonces no ha vuelto a hablar con nadie. Desde entonces guarda algo en la boca: un sabor tibio, una humedad dulce...