Atravesó la pared y, sin decir nada, se sentó a la mesa como uno más. Ningún comensal le advirtió que la sopa estaba muy caliente. Sopló por costumbre. Luego dio el primer sorbo. Cerró los ojos.
—Ahora sí —murmuró.
Hacía años que no sentía nada.
Le dio su palabra y desde entonces no ha vuelto a hablar con nadie. Desde entonces guarda algo en la boca: un sabor tibio, una humedad dulce...
No hay comentarios:
Publicar un comentario