Apresado en un reloj de arena se hundió en el tiempo.
Intentó escalar los granos, pero cada segundo era un alud. Al principio gritó; luego tosió años. Finalmente, comprendió que nadie lo había encerrado: él mismo se dio la vuelta.
Entonces me pregunté que, si la gente es así realmente, los que estábamos en aquel bar no existíamos. Éramos virtuales. Apuré el vaso. El lí...
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