Ese día cumplía años. Una cifra redonda, por cierto. Con esa exactitud que dan los ceros y su infinito círculo. También estaba el hecho de escalar otra década y esa especie de mareo de altura que produce el paso de los años. Consideró entonces que sus acciones en esa fecha (o quizás su quietud) deberían comportar una anomalía en el curso cotidiano de su existencia. Pensó sin éxito qué empresa llevar a cabo, ideó una actuación espectacular y no le satisfizo. Al final decidió enfrentarse al espejo para recriminarse un «quien te ha visto y quién te ve».
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La mayoría de las veces solo nos queda recurrir a los clásicos.
ResponderEliminarSaludos,
J.