Sentado a la mesa en la cena de Nochebuena con solo una pajarita, nadie apreció su desnudez y sí la elegancia con que vestía su única prenda.
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Paladar quemado
Atravesó la pared y, sin decir nada, se sentó a la mesa como uno más. Ningún comensal le advirtió que la sopa estaba muy caliente. Sopló por...
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Aquella mañana vio cómo por el ojo del huracán subían al cielo las vacas que pastaban junto al arrozal. Al atardecer comenzó a llover arroz ...
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No hay que vender el alma al diablo, basta con hipotecarla, le comentó el empleado de la entidad bancaria, quien l e explicó que era un trám...
Nadie se fija ya en esas cosas. Vamos de mal en peor.
ResponderEliminarSaludos,
J.