Cayó en el pozo de los deseos y solo pidió una cosa. No pidió salir. No pidió ayuda. Pidió que el deseo no se cumpliera. Había oído historias. Sabía que los deseos, al hacerse realidad, traían consigo una forma torcida de justicia, una ironía precisa, casi elegante. Nada se concedía sin cobrar algo a cambio. El pozo guardó silencio. Durante un instante, nada ocurrió. Luego, el eco respondió. Y su deseo, impecable, se cumplió: nunca volvió a cumplirse ninguno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario