Apresado en un reloj de arena se hundió en el tiempo.
Intentó escalar los granos, pero cada segundo era un alud. Al principio gritó; luego tosió años. Finalmente, comprendió que nadie lo había encerrado: él mismo se dio la vuelta.
Ángel Salmerón empezó La vida posible una tarde de lluvia leve; digo “leve” y ya estoy mintiendo, porque lo leve solo se percibe desde le...
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