El catering no estuvo mal. Una de las cámaras me sirvió la cabeza de Juan en una bandeja de plata. El resto de invitados aplaudió la puesta en escena sin percatarse de que, mientras brindaban, era Juan quien los observaba con mayor lucidez: por primera vez había perdido la cabeza… y ganado criterio.
Siempre nos percatamos de las cosas importantes cuando ya no podemos hacer nada con ellas.
ResponderEliminarSaludos,
J.